Desde
pequeño quise salir y viajar, y cuando tenía 16 años por primera vez se me
presento esta posibilidad mediante una beca de United World College en
Singapur. No es que nadie creyera que pudiera hacerlo, sino mas bien que hasta
para mí era un sueño poco tangible por la falta de dinero, la barrera del
idioma inglés, las visas, la cultura, la edad. Finalmente logré ir al United
World College of South East Asia en Singapur y el resultado fue mucho más que
un diploma de bachillerato internacional en uno de los colegios más prestigiosos
del mundo; el resultado fue una cantidad inigualable de amistades, una visión
del mundo mucho más amplia, una profundidad cultural diferente, estilos de vida
de lujo inimaginables y por supuesto la humilde experiencia de pasar de ser el
niño brillante al niño que no habla el idioma. Aprendí muchas cosas, más de las
que todavía puedo comprender, pero tal vez la más fundamental de todas es
apreciar los detalles, la empanada de la esquina, el vendedor de minutos de la
calle, el tono de los zapatos y hasta el marco de las gafas de aquel hipster,
el olor a pan.
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