Saturday, June 2, 2012
I
Aquel octubre fue diferente a cualquier otro que Santiago hubiera vivido. Estando por primera vez en un lugar en el cual las estaciones no eran películas, sino realidades, se dio cuenta que aunque hubiera vivido mucho le faltaba bastante por aprender, entendió que la vida es más cíclica de lo que parece y que las amistades van y vienen, tal y como las prendas que algún día compramos con muchas ganas y de repente pierden importancia, se gastan, se percuden. Aquel día, el 10 de octubre de 2007, sería la primera vez que sentiría lo que significa la desnudez, aquel día de otoño sentiría por primera vez los pelos de mujer que no se encuentran en la cabeza, el sabor entre moneda y pavo que caracteriza sus labios, los dos, y el aroma típico de la mañana posterior a un encuentro furtivo. Aquel día fue el primero que marcó su vida como ente penetrante, el primer día que hizo evidente la desconexión entre el porno y el “amor”, y el primer día que entendió, entre la oscuridad de las sábanas que para ser hombre sólo se necesita ser niño.
Ella usaba Channel y Yves, vestía de manera tan sofisticada que nadie notaba los pequeños detalles que hacen de un ideal una persona. Era el tipo de mujer que nadie tendría en cuenta si no fuera por su estilo bastante extravagante, fumaba y caminaba con la elegancia de un flamenco, el cual también bailaba, y tenía la paciencia de un pingüino sosteniendo el huevo por meses esperando el regreso de su hembra. Era de contextura delgada aunque como era típico de todas las mujeres de su época pensaba lo contrario. Tenía un acento particular que demostraba aún más sus rasgos orientales, Japonesa, China, que se yo pero definitivamente asiática. Parecía ser de una familia pudiente ya que su madre fue con ella a la universidad a ayudarle a organizar su cuarto. Sonreía como es la costumbre de cualquier persona con un conocimiento medianamente avanzado de las convenciones sociales, pero debajo de aquel rostro se notaba una seriedad muy profunda, o por lo menos eso pensaba él cuando se dio cuenta que existía por primera vez. Santiago la vio venir por el camino que atravesaba la universidad de lado a lado, al principio no supo quién era y solo logro distinguir una silueta femenina y humo, ella se fue acercando lentamente al dormitorio, en el cual los dos vivían, y finalmente cuando estuvo a dos pasos de él, sus palabras se cruzaron por primera vez
- “Hey, I didn’t know you smoke” dijo Santiago que estaba realmente algo excitado de ver a una mujer con tanto porte fumando Virginia Slims
-“Yes, I smoke” dijo ella con una expresion facial de desinteres.
- “Awesome, I guess I’ll see you more around this bench”
- “Yes, I guess”
- “Do you also live here”
-“Yeah, I do” finalizó diciendo ella apagando la colilla con el cenicero de metal que estaba justo al lado de la silla de parque.
El también apago el cigarrillo, en todo caso ya no le quedaba casi nada y le abrió la puerta al dormitorio. Los dos subieron las escaleras lentamente y en silencio pero en completa calma. Al llegar a la división de los pasillos los dos se despidieron casualmente. Aquel día fue la primera vez que Ayumi y Santiago se encontraron frente a frente. En un planeta de 7.005 billones de personas, ella de Shikicity, Japón y el de Bogotá, Colombia se cruzaron, ninguno de los dos se imaginaba que aquellas palabras y aquel cigarrillo en esa silla determinarían sus vidas hasta el final de sus días.
No le tomó mucho tiempo darse cuenta del inglés improvisado que ella hablaba; al principio le pareció un poco raro ya que el llevaba aproximadamente el mismo tiempo aprendiendo otro idioma, pero en realidad se convirtió en otra característica atractiva, que le daba a Santiago la posibilidad de sentirse superior en algo, ya que físicamente no lo era.
Alrededor de septiembre del séptimo año del nuevo milenio sus encuentros se volvieron más frecuentes. De hecho se veían bastante, todos los dias por asi decirlo. No tenían clases juntos excepto por una clase de refuerzo de ingles de 4 créditos que ofrecía la universidad, Santiago no necesitaba tomar esa materia, pero requería la cantidad mínima de esfuerzo que le permitía vivir una vida social hiperactiva. Ayumi en cambio si la necesitaba, ya que aunque sus sentimientos eran muy nobles cuando los expresaba era notorio su falta de práctica del inglés.Quizás lo que comunicaba eran ideas traducidas del japonés, indistintamente sus errores generan en Santiago una sensación de ternura, mas no de condescendencia:
“I know are such a smart person”,
“remember that you are important person for me”
“I know I can't make up for anything”
Realmente era un placer escuchar aquellos deslices idiomaticos. El mensaje básico era claro, se entendía y no solo eso sino que generaba la respuesta emocional indicada en el otro. Ella lograba todos los días hacerlo sentir cosas, algo que era relativamente nuevo. Para Santiago, hablar con ella era un pasatiempo bastante divertido. Encontrar los errores gramaticales que ella cometía era uno de esos placeres que no deben ser mencionados pero sin embargo existen, no se burlaba casi nunca, ni tampoco intentaba corregirle muy seguido (mucha gente detesta eso), sino que el verdadero valor de estas interacciones eran para el mismo. Cuando hablaba con ella recordaba constantemente que al igual que Ayumi, él también había sido igual de analfabeto hace un par de años.
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